Tienes un e-mail vs. El coloso en llamas

¡¡Jornada número 4 de Cinestreeeeeet Fiiiighter!!

Debido a la esssencia de una de las eh-películas, hoy el eh-combate se realizará en un escenario de lo más eh-mocionannnnnnteeeee: un rascacielos de sopotocientasssss eh-plantasssss que se ennncuennntra en llllllllamasssssssss.

En el lado izquierdo del edificio, vistiendo ropajes blancos y azules cual ventanas de correo electrónico, tenemos divididos a los integrantes del equipo: En las eh-plantas superiores al incendio tenemos a Kathleen, la propietaria de la pequeña Tienda de la vuelta de la esquina, su marido y la mujer de Joe Fox, el propietario de la gran cadena Libros Fox; en el recibidor del edificio, está el propio Joe con su perro Baxter (creo). Ellos sonnnnn ¡Tienes un e-mail!

En el ala derecha, también por encima del fuego, con esmóquins y vestidos de lujo que te crujo, todos los invitados a la inauguración del eh-colosal edificio, entre los que están el promotor, su yerno, el alcalde de la ciudad y, vestido de calle, el arquitecto del edificio, Doug Roberts. En el hall, ataviados con sus ropas de trabajo, todo el cuerpo de bomberos encabezado por su jefe, Michael O'Hallorhan. Todos ellos sonnnn ¡El coloso en llamas!

Joe envía un correo electrónico a Kathleen preguntándole que por qué no ha acudido a su cita secreta, y ella le responde que por dos motivos: el primero es porque la gracia de su relación es que, tal como quedaron en su día, "nada de datos personales", y conocerse sería como que un poco personal, y el segundo es porque está atrapada en un edificio mega alto, en un salón llamado Promenade, cuyas plantas inferiores están ardiendo.

Por los telefonillos intercomunicadores del edificio, O'Hallorhan habla con el arquitecto, Doug, que le explica que el yerno del promotor ha comprado materiales de inferior calidad a los que él proyectó inicialmente, y eso ha provocado el incendio, así como otros fallos generales en la seguridad del edificio. Cagándose en san Blas, O'Hallorhan coordina rápidamente a sus hombres y, unos en ascensores y otros por las escaleras, comienzan a ascender para llegar a la planta del incendio e intentar extinguirlo.

Aprovechando un descanso para vomitar en la planta 79, y rezando porque la respuesta de Kathleen no fuera una excusa, Joe le envía otro e-mail y le dice que está acudiendo a su rescate. Ella se escabulle de su marido para leer el correo y le contesta que no sabe si merece la pena salir de ese incendio, porque su pequeña tienda va a quebrar por culpa de unos grandes almacenes que se han instalado cerca y que venden libros como churros y con grandes descuentos. Joe, el propietario de dichos almacenes, recordemos, con una gotita de sudor en la frente, está contestándole que no es para tanto, mujer, que ya hablarán cuando la rescate, pero una explosión en el edificio revienta los servidores y se queda compuesto y sin conexión wirelire.

Al oír la explosión, el pánico cunde entre los invitados del salón Promenade, y el yerno del constructor sale por patas escaleras abajo, diciendo que si los bomberos están subiendo, él puede bajar. Todos los demás, excepto Doug, se van con él, incluido el marido de Kathleen y la mujer de Joe, que parece que se entienden bastante bien. Kathleen le dice a su marido que bajará cuando acabe de reiniciar el ordenador, encender y apagar el router y llamar al servicio técnico, porque no le va internet y necesita comprobar unas cosas.

Unos cuantos bomberos, mucho mejor preparados que Joe aunque han salido más tarde porque esperaban las instrucciones de su jefe, lo alcanzan en la planta 84. Joe les grita que le ha parecido oír un ladrido detrás de una puerta. Los bomberos efectivamente oyen ladrar a un perro y entran sin pensárselo dos veces. En cuanto pasan, Baxter sale a toda leche y Joe cierra la puerta, bloqueándola con una barra de acero desprendida de una barandilla. Se oyen golpes desde el otro lado de la puerta, pero finalmente quien la abre es una explosión. "Esto es un cinestreet, amigos", les grita Joe mientras escapa escaleras arriba con su fiel perro.

Otra explosión y desprendimientos del techo arrojan escaleras abajo al yerno del constructor y a todos los invitados que bajaban con él. Joe los oye caer rodando como si fueran decenas de bolas que van hacia un único bolo, él. Como se encuentra a media subida, no puede hacer nada por salvarse, así que teclea unas cosas rápidamente en su portátil y lo lanza girando sobre los infortunados que se le vienen encima, gritando "¡Baxter, llévaselo a Kathleen!". Baxter se los salta a todos de un brinco y coge el ordenador al vuelo, pero cuando se gira moviendo la cola todo contento por haberlo pillado, ve que su dueño y todos los demás se han convertido en pelotas de fuego que bajan por las escaleras a gran velocidad. El animal ladea la cabeza, tentado de ir tras las pelotas, pero como es obediente se gira y sigue subiendo, ordenador en boca, en busca de Kathleen.

Doug, gran arquitecto y un tío muy listo, sabe que el edificio tiene las horas contadas. Mira a Kathleen, que está histérica perdida, con los pelos a lo punky, casi aporreando el teclado, tratando de recuperar la conexión perdida. La tentación de dejarla ahí tirada para ganar el cinestreet lo asalta seriamente, pero él es todo un caballero y finalmente le dice que tienen que subir a la azotea si no quieren ser pasto de las llamas. Ella le dice que necesita intenné, y que si arriba hay intennééé. Doug se lo vuelve a pensar mientras en su cabeza resuena "cinestreeeet, cinestreeeet, campeóóóón" pero, tras respirar hondo, le dice que el salón Promenade tiene problemas de cobertura y que en la azotea la wirelire funciona perfectamente. Kathleen sonríe y corre ansiosa tras el arquitecto.

O'Hallorhan decide trepar, en un acto digno del mismísimo Spiderman, por el hueco del ascensor, ya que por la escalera no paran de caer bolas incendiarias humanas y ni siquiera Súper Mario Bros podría saltarlas todas. Cuando llega al salón Promenade descubre que no queda nadie a quien salvar y se gira, mirando el hueco del ascensor y pensando en lo que le va a costar bajar otra vez. En ese momento entra Baxter, que al ver a O'Hallorhan se pone muy contento y corre a saludarlo. Cuando le pone las patas en la espalda, el jefe del cuerpo de bomberos pierde el equilibrio y descubre que quizá no le va a costar tanto llegar al hall del edificio. Todavía con el ordenador en la boca, Baxter se asoma al hueco por donde acaba de caer O'Hallorhan y ladea la cabeza, intrigado, pero enseguida se pone a brincar por el salón hasta que detecta el olor de Kathleen y sube tras ella.

Una vez en la azotea, Doug se va asomando por todos los lados del coloso y ve que las llamas salen por todas partes, cada vez más cerca. El helicóptero parece que los ha visto y vuela hacia ellos, y cuando se gira para comunicarle la buena nueva a Kathleen, se encuentra sus ojos, inyectados en sangre, que lo miran con inquina. "¡Donde... está... intennnnnnéééé!" son las últimas palabras que oye antes de que un mamporro con un portátil lo lance volando coloso abajo. Entonces llega Baxter con el ordenador de Joe y, moviendo el culo, lo deja caer delante de Kathleen. Ella lo abre con cuidado y lee las últimas palabras de Joe: Libros Fox es tuya. Te quiero. Y rompe a llorar, presa de una emoción indescriptible. Hasta al perro le vienen lágrimas a los ojos de lo enternecedor de la situación.

Justo cuando el helicóptero está llegando para salvar a los supervivientes, y cuando creíais que sabíais quien era el ganador, el edificio se viene abajo y se lleva consigo a to Dios, las pelotas incendiarias humanas, las brochetas de bombero, el perrito caliente y la Kat demoníaca incluidos. El ganador, por lo tanto, essssss ¡El colosoooo ennnnn llamaasssssssssssssss!

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